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SALUD

1 de julio de 2021

Con la pandemia, aumentaron los trastornos funcionales en las niñas, niños y adolescentes

Se trata de manifestaciones que no tiene origen orgánico y aparecen como respuesta ante situaciones de estrés. El distanciamiento, el miedo, la angustia y los cambios en la rutina, sumado a la imposibilidad de encontrarse con familiares y amigos; generaron un aumento en las consultas.

La Sociedad Argentina de Pediatría alertó sobre un aumento de los trastornos funcionales en los niños, niñas y adolescentes a causa del aislamiento motivado por la pandemia. Dolor abdominal recurrente, cefaleas, dolor en miembros inferiores, en la zona del tórax, son algunas de las manifestaciones que, sin tener un origen orgánico específico, aparecen y desaparecen como respuesta del organismo ante situaciones crónicas de estrés.

“Cuando las situaciones de estrés no pueden ser verbalizadas suelen expresarse con síntomas como dolor, sin una lesión orgánica demostrable. A esto se le llama ‘síntomas funcionales’”, explicó Juan Pablo Mouesca, médico pediatra, psiquiatra infanto-juvenil, miembro de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

En ese marco, añadió que cuando son intensos y afectan la actividad diaria (como comer, dormir, jugar o aprender) se convierten en trastornos y suelen motivar la consulta médica. Algunas familias presentan una mayor tendencia a tener síntomas funcionales”.

Por su parte, Ángela Nakab, médica especialista en Pediatría y Adolescencia, aportó que en los niños, niñas y adolescentes, se observan las llamadas “quejas somáticas o síntomas funcionales”, que es la forma en que el cuerpo expresa lo que se siente. “Los chicos tienen inmadurez de su aparato psíquico, están en etapa de continuo desarrollo y viven cotidianamente exigencias, retos y necesidades. Ante situaciones de stress utilizan sus recursos para afrontarlas, siempre apoyados en el sostén de sus figuras de apego y es importante la contención de los padres y pediatras y que estén atentos”, sostuvo.

Aislamiento y distanciamiento

La Guía ‘Impacto emocional en pandemia - Guía de recursos para la contención emocional de chicas y chicos de 6 a 12 años’, elaborada por la Secretaria de Niñez Adolescencia y Familia del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación , afirma que tanto el ‘Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio’ (ASPO) como el ‘Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio’ (DISPO), constituyen ‘una situación profundamente compleja, que afecta nuestra salud, nuestro trabajo, nuestros vínculos, nuestras rutinas y cuidados  y tienen un fuerte impacto en los estados emocionales de niños, niñas, adolescentes y personas adultas’.

Entre los cambios profundos en nuestra vida cotidiana, señala la pérdida de las rutinas habituales, la escolaridad desde el hogar, la restricción de los encuentros presenciales, personas adultas sobrecargadas de tareas o preocupaciones, la intensidad de la virtualidad y el encuentro cercano con los contagios por Covid-19, y les adjudica un rol protagónico en el impacto del estado emocional que sufren los niños.

 

“La incertidumbre, los problemas económicos, el desempleo, la enfermedad por Covid-19, el duelo por fallecidos, la falta de contacto físico con familiares y amigos y el trabajo dentro de la casa son factores que afectan a todo el grupo familiar”, sostuvo Marta Chorny, médica pediatra.

En ese sentido añadió que “paralelamente, los cuidadores presentan menos capacidad de contención para los niños, y estos tienen menos lugares donde ser contenidos: las escuelas, los centros de primera infancia, clubes y lugares religiosos no se encuentran disponibles para el encuentro o lo hacen de manera reducida”.

Pero, por otra parte, la propia pandemia limita los recursos para la atención de estos cuadros: los centros de atención de la salud y los hospitales se acondicionaron y ponen el foco en la atención de los contagios por Covid-19 en detrimento de la atención general; los centros de atención de salud mental no atienden en forma presencial o lo hacen de manera espaciada y, a la vez, son pocos los lugares de atención psicológica.

Incluso, los programas de intervención en terreno -o sea los que concurren a los domicilios- y los organismos de protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes (NNyA) como las defensorías zonales o los servicios locales de protección de derechos, en contados casos mantienen una atención presencial. En conclusión: hay más factores estresantes, pero menos lugares adonde esa demanda pueda ser escuchada y atendida adecuadamente.

Para Rut Vanesa Mariñas, médica pediatra del Comité de Estudio Permanente del Adolescente (CEPA) de la SAP, “es necesario que estas afecciones sean tratadas”. “Los adolescentes que padecen dolores inespecíficos crónicos como cefaleas frecuentes, dolores en todo el cuerpo, gastrointestinales, en las articulaciones, entre otros, asociados o no a algún trastorno psicológico (como depresión, ansiedad, angustia, hipocondría) deben consultar al médico de adolescentes y ser abordados por un equipo interdisciplinario, el que tomará en cuenta la salud integral del paciente en sus aspectos biológicos, psicológicos y sociales; solo así se puede dar respuesta a este tipo de patologías”.

 

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