Viernes 23 de Enero de 2026

Hoy es Viernes 23 de Enero de 2026 y son las 07:44 - CHACO: LA POLICÍA FORTALECE LA FORMACIÓN DE SUS FUERZAS ESPECIALES, AHORA CON JORNADAS DE NATACIÓN Y BUCEO / EL CENTRO DE EMPLEADOS DE COMERCIO LANZÓ LA ESCUELA DE PATÍN CON BENEFICIOS PARA AFILIADOS / VILLA ÁNGELA: DETENIDO POR CIRCULAR EN UNA MOTO QUE SUSTRAJO AYER / INTENDENTE PAPP: ?SEGUIMOS TRABAJANDO CON AUSTERIDAD, OBRAS Y COMPROMISO CON LOS VECINOS? / VILLA ÁNGELA: ESCLARECEN UN HURTO Y RECUPERAN UNA BICICLETA EN OPERATIVO ?LINCE? / VILLA ÁNGELA: ESCLARECEN UN HURTO Y RECUPERAN UN TELÉFONO CELULAR EN LA CIUDAD / VILLA ÁNGELA: SAMEEP GARANTIZA LA CALIDAD DEL AGUA POTABLE EN EL BARRIO MOCOVÍ / Du Graty: CORREDOR SEGURO| INCAUTAN MOTOS Y REALIZAN VARIAS ACTAS DE INFRACCION / VILLA ÁNGELA: RECUPERAN CELULAR SUSTRAIDO HACE UNOS DIAS / DU GRATY: ATRAPARON A UN SUJETO QUE DAÑO UN PANTEON FAMILIAR / SAN BERNARDO: DETIENEN A UNA JOVEN QUE SALIÓ A VENDER COCAINA JUNTO A UNA MENOR / CONVOCAN A UNA MARCHA PARA PEDIR JUSTICIA POR JORGE ANÍBAL ACEVEDO / IDENTIFICAN A UN HOMBRE CON PEDIDO ACTIVO DURANTE UN CONTROL POLICIAL EN SAMUHÚ / SECUESTRARON UNA CAMIONETA FORD F-100 POR PRESENTAR MOTOR ADULTERADO EN SANTA SYLVINA / Villa Angela: ESCLARECIERON DOS HURTOS Y RECUPERARON ELEMENTOS ROBADOS / DENUNCIA POR DESALOJO Y AGRESIÓN A UNA MADRE CON TRES HIJOS MENORES EN VILLA ÁNGELA / La Tigra: DOS DETENIDOS POR LESIONAR A SU VECINO / Se disparó el número de casos de sífilis en la Argentina / HOMICIDIO EN UN SALÓN DE FIESTAS: EL FISCAL SERGIO RÍOS DIO DETALLES DEL CRIMEN QUE TERMINÓ CON LA VIDA DE UN JOVEN DE 24 AÑOS / DU GRATY: UNA MUJER FUE DEMORADA TRAS HERIR CON UN CUCHILLO A SU EXPAREJA /

21.4°

Villa Ángela

TENDENCIAS

25 de noviembre de 2020

Conmoción mundial: Murió Diego Armando Maradona

Sufrió un paro cardiorrespiratorio en la casa de Tigre en la que se había instalado tras su operación en la cabeza.

Y un día ocurrió. Un día lo inevitable sucedió. Es un cachetazo emocional y nacional. Un golpe que retumba en todas las latitudes. Un impacto mundial. Una noticia que marca una bisagra en la historia. La sentencia que varias veces se escribió pero había sido gambeteada por el destino ahora es parte de la triste realidad: murió Diego Armando Maradona.

Villa Fiorito fue el punto de partida. Y desde allí, desde ese rincón postergado de la zona sur del Conurbano bonaerense se explican muchos de los condimentos que tuvo el combo con el que convivió Maradona. Una vida televisada desde aquel primer mensaje a cámara en un potrero en el que un nene decía soñar con jugar en la Selección. Un salto al vacío sin paracaídas. Una montaña rusa constante con subidas empinadas y caídas abruptas.

Nadie le dio a Diego las reglas del juego. Nadie le dio a su entorno (un concepto tan naturalizado como abstracto y cambiante a la lo largo de su vida) el manual de instrucciones. Nadie tuvo el joystick para poder manejar los destinos de un hombre que con los mismos pies que pisaba el barro alcanzó a tocar el cielo.

Quizá su mayor coherencia haya sido la de ser auténtico en sus contradicciones. La de no dejar de ser Maradona ni cuando ni siquiera él podía aguantarse. La de abrir su vida de par en par y en esa caja de sorpresas ir desnudando gran parte de la idiosincrasia argentina. Maradona es los dos espejos: aquel en el que resulta placentero mirarnos y el otro, el que nos avergüenza.

A diferencia del común de los mortales, Diego nunca pudo ocultar ninguno de los espejos.

Es el Cebollita que solo tenía un pantalón de corderoy y es el hombre de las camisas brillantes y la colección de relojes lujosos. Es el que le hace cuatro goles a un arquero que intenta desafiarlo y al mismo tiempo el entrenador que intenta chicanear a los alemanes y termina humillado. Es el que se va bañado de gloria del estadio Azteca y el que sale de la mano de una enfermera en Estados Unidos. Es el que arenga, el que agita, el que levanta, el que motiva. El que tomaba un avión desde cualquier punto del mundo para venir a jugar con la camiseta de la Selección. El del mechón rubio y el que estaciona el camión Scania en un country. Es el gordo que pasa el tiempo jugando al golf en Cuba y el flaco de La Noche del Diez. El que vuelve de la muerte en Punta del Este. Es el novio de Claudia y es también el hombre acusado de violencia de género. Es el adicto en constante lucha. El que canta un tango y baila cumbia. El que se planta ante la FIFA o le dice al Papa que venda el oro del Vaticano. El que fue reconociendo hijos como quien trata de emparchar agujeros de su vida. Un icono del neoliberalismo noventoso y el que se subió a un tren para ponerse cara a cara contra Bush y ser bandera del progresismo latinoamericano. Es cada tatuaje que tiene en su piel, el Che, Dalma, Gianinna, Fidel, Benja… Es el hombre que abraza a la Copa del Mundo, el que putea cuando los italianos insultan nuestro himno y el que le saca una sonrisa a los héroes de Malvinas con un partido digno de una ficción, una pieza de literatura, una obra de arte.

Porque si hubiera que elegir un solo partido sería ese. Porque no existió ni existirá un tramo de la vida más maradoneano que esos cuatro minutos que transcurrieron entre los dos goles que hizo el 22 de junio de 1986 contra los ingleses. El mejor resumen de su vida, de su estilo, de lo que fue capaz de crear. Pintó su obra cumbre en el mejor marco posible. Le dijo al mundo quién es Diego Armando Maradona. El tramposo y el mágico, el que es capaz de engañar a todos y sacar una mano pícara y el que enseguida se supera con la partitura de todos los tiempos.

Barrilete cósmico. Y la pelota no se mancha. Y las piernas cortadas. Y que la sigan chupando. Y la tortuga que se escapa. Y el jarrón en el departamento de Caballito, el rifle de aire comprimido contra la prensa, la Ferrari negra que descartó porque no tenía estéreo, la mafia napolitana y toda una ciudad que elige vivir en pausa, rendida a su Dios. Es el de las canciones, el los documentales a carne viva y las biografías siempre desactualizadas. El que levanta el teléfono y llama cuando menos lo esperás y más lo necesitás. El que jugó partidos a beneficio sin que nadie se enterara. El que pasa del amor al odio con Cyterszpiler, con Coppola o con Morla. El que siempre vuelve a sus orígenes y le presta más atención a los que menos tienen. Es el abuelo baboso y el papá inabordable. Es antes que todo y por sobre todas las cosas el hijo de Doña Tota y de Don Diego.

Y Maradona es en presente pese a que de los que mueren haya que escribir en pasado. Es el que en Dubai se codeaba con jeques y contratos millonarios y el que en Culiacán y con 40 grados a la sombra pedía un guiso a domicilio. El que internaron en un neuropsiquiátrico. El que pudo dejar la cocaína. El que hizo jueguitos en Harvard. Es el que como entrenador de Gimnasia vivió un postergado homenaje del fútbol argentino. Aquel que había dirigido a Racing y a Mandiyú no era este último Diego de las rodillas chuecas, las palabras estiradas y las emociones brotando sin filtro.

Es también Maradona el hombre que se fue apagando. Se resquebrajó su cuerpo y empezó a sacar a la luz tantos años de castigo físico, de desbordes, de excesos, de patadas, de infiltraciones, de viajes, de adicciones, de subibajas con su peso, de andar por los extremos sin red de contención.



COMPARTIR:

Comentarios